Kitap · Don Quijote de la Mancha
Sayfa 270 / 2546
Yazar: Miguel de Cervantes
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Digo esto porque no pienses que, puesto que quedamos desta
pendencia molidos, quedamos afrentados; porque las armas que
aquellos hombres traían, con que nos machacaron, no eran otras
que sus estacas, y ninguno dellos, a lo que se me acuerda, tenía
estoque, espada ni puñal.
- No me dieron a mí lugar -respondió Sancho- a que mirase en
tanto; porque, apenas puse mano a mi tizona, cuando me
santiguaron los hombros con sus pinos, de manera que me quitaron
la vista de los ojos y la fuerza de los pies, dando conmigo
adonde ahora yago, y adonde no me da pena alguna el pensar si fue
afrenta o no lo de los estacazos, como me la da el dolor de los
golpes, que me han de quedar tan impresos en la memoria como en
las espaldas.
- Con todo eso, te hago saber, hermano Panza -replicó don
Quijote-, que no hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor
que muerte no le consuma.
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