Kitap · Don Quijote de la Mancha
Sayfa 188 / 2546
Yazar: Miguel de Cervantes
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Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que
el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se
comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas
sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del
cielo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; aún
no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni
visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella,
sin ser forzada, ofrecía, por todas las partes de su fértil y
espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los
hijos que entonces la poseían.
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