Книга · Don Quijote de la Mancha
Страница 388 из 2546
Автор: Miguel de Cervantes
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Alborotóse Rocinante con el estruendo del agua y de los golpes,
y, sosegándole don Quijote, se fue llegando poco a poco a las
casas, encomendándose de todo corazón a su señora, suplicándole
que en aquella temerosa jornada y empresa le favoreciese, y de
camino se encomendaba también a Dios, que no le olvidase. No se
le quitaba Sancho del lado, el cual alargaba cuanto podía el
cuello y la vista por entre las piernas de Rocinante, por ver si
vería ya lo que tan suspenso y medroso le tenía. Otros cien pasos
serían los que anduvieron, cuando, al doblar de una punta,
pareció descubierta y patente la misma causa, sin que pudiese ser
otra, de aquel horrísono y para ellos espantable ruido, que tan
suspensos y medrosos toda la noche los había tenido. Y eran -si
no lo has, ¡oh lector!, por pesadumbre y enojo- seis mazos de
batán, que con sus alternativos golpes aquel estruendo formaban.
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