Livro · Don Quijote de la Mancha
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Autor: Miguel de Cervantes
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- No es posible, señor mío, sino que estas yerbas dan testimonio
de que por aquí cerca debe de estar alguna fuente o arroyo que
estas yerbas humedece; y así, será bien que vamos un poco más
adelante, que ya toparemos donde podamos mitigar esta terrible
sed que nos fatiga, que, sin duda, causa mayor pena que la
hambre.
Parecióle bien el consejo a don Quijote, y, tomando de la rienda
a Rocinante, y Sancho del cabestro a su asno, después de haber
puesto sobre él los relieves que de la cena quedaron, comenzaron
a caminar por el prado arriba a tiento, porque la escuridad de la
noche no les dejaba ver cosa alguna; mas, no hubieron andado
docientos pasos, cuando llegó a sus oídos un grande ruido de
agua, como que de algunos grandes y levantados riscos se
despeñaba. Alegróles el ruido en gran manera, y, parándose a
escuchar hacia qué parte sonaba, oyeron a deshora otro estruendo
que les aguó el contento del agua, especialmente a Sancho, que
naturalmente era medroso y de poco ánimo. Digo que oyeron que
daban unos golpes a compás, con un cierto crujir de hierros y
cadenas, que, acompañados del furioso estruendo del agua, que
pusieran pavor a cualquier otro corazón que no fuera el de don
Quijote.
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