Ksiazka · Don Quijote de la Mancha
Strona 186 z 2546
Autor: Miguel de Cervantes
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No entendían los cabreros aquella jerigonza de escuderos y de
caballeros andantes, y no hacían otra cosa que comer y callar, y
mirar a sus huéspedes, que, con mucho donaire y gana, embaulaban
tasajo como el puño. Acabado el servicio de carne, tendieron
sobre las zaleas gran cantidad de bellotas avellanadas, y
juntamente pusieron un medio queso, más duro que si fuera hecho
de argamasa. No estaba, en esto, ocioso el cuerno, porque andaba
a la redonda tan a menudo (ya lleno, ya vacío, como arcaduz de
noria) que con facilidad vació un zaque de dos que estaban de
manifiesto. Después que don Quijote hubo bien satisfecho su
estómago, tomó un puño de bellotas en la mano, y, mirándolas
atentamente, soltó la voz a semejantes razones:
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