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पृष्ठ 307 / 2546

लेखक: Miguel de Cervantes

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Sancho Panza, que también tuvo a milagro la mejoría de su amo, le
rogó que le diese a él lo que quedaba en la olla, que no era poca
cantidad. Concedióselo don Quijote, y él, tomándola a dos manos,
con buena fe y mejor talante, se la echó a pechos, y envasó bien
poco menos que su amo. Es, pues, el caso que el estómago del
pobre Sancho no debía de ser tan delicado como el de su amo, y
así, primero que vomitase, le dieron tantas ansias y bascas, con
tantos trasudores y desmayos que él pensó bien y verdaderamente
que era llegada su última hora; y, viéndose tan afligido y
congojado, maldecía el bálsamo y al ladrón que se lo había dado.
Viéndole así don Quijote, le dijo:
- Yo creo, Sancho, que todo este mal te viene de no ser armado
caballero, porque tengo para mí que este licor no debe de
aprovechar a los que no lo son.
- Si eso sabía vuestra merced -replicó Sancho-, ¡mal haya yo y
toda mi parentela!, ¿para qué consintió que lo gustase?

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