Libro · Don Quijote de la Mancha
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Autor: Miguel de Cervantes
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- Yo voy por cinco años a las señoras gurapas por faltarme diez
ducados. - Yo daré veinte de muy buena gana -dijo don Quijote-
por libraros desa pesadumbre.
- Eso me parece -respondió el galeote- como quien tiene dineros
en mitad del golfo y se está muriendo de hambre, sin tener adonde
comprar lo que ha menester. Dígolo porque si a su tiempo tuviera
yo esos veinte ducados que vuestra merced ahora me ofrece,
hubiera untado con ellos la péndola del escribano y avivado el
ingenio del procurador, de manera que hoy me viera en mitad de la
plaza de Zocodover, de Toledo, y no en este camino, atraillado
como galgo; pero Dios es grande: paciencia y basta.
Pasó don Quijote al cuarto, que era un hombre de venerable rostro
con una barba blanca que le pasaba del pecho; el cual, oyéndose
preguntar la causa por que allí venía, comenzó a llorar y no
respondió palabra; mas el quinto condenado le sirvió de lengua, y
dijo:
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