Libro · Don Quijote de la Mancha
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Autor: Miguel de Cervantes
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Hiciéronlo ansí, y pusierónse sobre una loma, desde la cual se
vieran bien las dos manadas que a don Quijote se le hicieron
ejército, si las nubes del polvo que levantaban no les turbara y
cegara la vista; pero, con todo esto, viendo en su imaginación lo
que no veía ni había, con voz levantada comenzó a decir:
- Aquel caballero que allí ves de las armas jaldes, que trae en
el escudo un león coronado, rendido a los pies de una doncella,
es el valeroso Laurcalco, señor de la Puente de Plata; el otro de
las armas de las flores de oro, que trae en el escudo tres
coronas de plata en campo azul, es el temido Micocolembo, gran
duque de Quirocia; el otro de los miembros giganteos, que está a
su derecha mano, es el nunca medroso Brandabarbarán de Boliche,
señor de las tres Arabias, que viene armado de aquel cuero de
serpiente, y tiene por escudo una puerta que, según es fama, es
una de las del templo que derribó Sansón, cuando con su muerte se
vengó de sus enemigos.
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