اللغات

لوحة المفاتيح

صفحة 290 من 2546

المؤلف: Miguel de Cervantes

الوقت0:00
السرعة (WPM)0.0
الدقة100.0%

اضغط ابدأ واكتب السطور بدقة. · مفتاح الرجوع معطل — استمر حتى بعد الخطأ.

Los cabellos, que en alguna manera tiraban a crines, él los marcó
por hebras de lucidísimo oro de Arabia, cuyo resplandor al del
mesmo sol escurecía. Y el aliento, que, sin duda alguna, olía a
ensalada fiambre y trasnochada, a él le pareció que arrojaba de
su boca un olor suave y aromático; y, finalmente, él la pintó en
su imaginación de la misma traza y modo que lo había leído en sus
libros de la otra princesa que vino a ver el mal ferido
caballero, vencida de sus amores, con todos los adornos que aquí
van puestos. Y era tanta la ceguedad del pobre hidalgo, que el
tacto, ni el aliento, ni otras cosas que traía en sí la buena
doncella, no le desengañaban, las cuales pudieran hacer vomitar a
otro que no fuera arriero; antes, le parecía que tenía entre sus
brazos a la diosa de la hermosura. Y, teniéndola bien asida, con
voz amorosa y baja le comenzó a decir:

اضغط ابدأ واكتب السطور بدقة.

لم يبدأ